Teléfono

(951) 553 8210

Correo Electrónico

presidenciamunicipal@municipiosanjuanguelavia.gob.mx

San Juan Guelavía es un pueblo zapoteco con más de cuatro siglos de historia. El intelectual indígena Epifanio García (2000) recuperó cien de ellos, en su libro “Imagen de un pueblo indígena a fines del siglo XX”. En su obra escribe que la fundación de Guelavía data de 1560 pero sus títulos fueron expedidos hasta 1723, explica que durante los 163 años que transcurrieron entre ambos sucesos, su comunidad sostuvo luchas con cinco pueblos y tres haciendas. Estas disputas jurídicas y violentas dejaron muchos muertos.

Los orígenes de San Juan Guelavía se remontan a épocas prehispánicas. La tradición oral de la comunidad cuenta que el señor de Macuilxóchitl, comunidad vecina en la que se localizaba el asentamiento del cacique zapoteca que dominaba la región, envió a un grupo de guerreros a cuidar los límites de su señorío a lo que eran las riberas de un lago cristalino. Desde Macuilxóchitl Mandaron a cuidar este territorio contra del señor de Xixicapan (San Baltazar). Posteriormente se separaron de Macuilxóchitl.

La leyenda cuenta que este pueblo fue fundado por obra de milagro, ya que se dice que cuando la gente llegó a poblar estas tierras necesitaban de alguien que los protegiera y a la vez de un nombre para su pueblo, entonces pidieron a las poblaciones cercanas que les donaran una imagen, es decir, un santo para que ellos pudieran orarle y al mismo tiempo este santo les diera protección, pero ningún pueblo les ofreció nada; en su búsqueda una persona de esta población contacto al párroco de Macuilxóchitl este párroco les dijo molesto que no tenía ningún santo que ofrecerles, de repente se acordó de una imagen que estaba arrumbada en el ático de su iglesia, y les dijo que si quería se la podían llevar porque no sabía la procedencia de este, solo sabía que el santo era llamado San Juan Bautista, ellos aceptaron muy contentos y este padre les prometió que en el transcurso de una semana les daría una misa al pueblo para dar a conocer a su patrón.

Entonces ocurrió que al término de la misa el párroco, observo a la imagen y se dio cuenta que esta era una pieza muy valiosa ya que eran de oro puro los accesorios que portaba, regreso a su pueblo y les comento a la comisión de la iglesia, de la población antes mencionada, lo observado en la imagen de San Juan Bautista, la gente no creyó, pues esta imagen la tuvieron abandonada varios años y la habían observado y no se percataron de que portara algo valioso, pero aun así fueron a investigar y si efectivamente, era una pieza bastante valiosa, en ese momento decidieron que no podían regalar este imagen y le explicaron al representante de esta población que aún no tenía nombre, que no podían regalarles a San Juan, obviamente le dieron un gran pretexto y este fue que la gente de Macuilxóchitl se habían enojado mucho con el padre por haber regalado la imagen antes mencionada y que incluso lo habían amenazado en sacarlo de la iglesia si no les entregaba a este Santo, el representante no tuvo más que decir y devolvió a San Juan, sin ningún reproche, la gente se puso muy triste pues ya le habían arreglado un lugar muy bonito a esta imagen.

Esa misma tarde la comisión y el padre de Macuilxóchitl se pusieron de acuerdo de que esta imagen iba a ser vendida, pues en eso quedaron, pero no tenían previsto lo que sucedería esa madrugada, pues pasó que ese día que fueron a recoger la imagen la dejaron en la iglesia y la resguardaron muy bien, al otro día muy temprano el padre fue a verificar si se encontraba la imagen y se encontró con que no estaba, muy preocupado fue a alertar a los demás de lo ocurrido, y luego se imaginaron que aquella gente que les fue a pedir al santo habían entrado a robar, y corrieron a este pueblo a buscar su anhelado tesoro, sin embargo lo que ocurrió en la población que no tenía nombre fue también muy extraño, pues muy temprano sus pobladores se dieron cuenta que San Juan Bautista se encontraba en el lugar que le habían arreglado para darle oración y se les hizo muy extraño, en eso llegaron los de Macuilxóchitl los acusaron de ladrones y se volvieron a llevar a esta imagen resguardándola todavía más.

Siguió ocurriendo la desaparición de San Juan, y ellos corrían en su búsqueda y la volvían a encontrar en el mismo lugar, esto ocurrió tres días seguidos, cansados de esta situación, el padre propuso que se vigilara este Santo para así conocer a la persona que era tan hábil y que era capaz de robarse a San Juan, entonces esa noche se dispusieron a cuidar a la imagen pero ocurrió que cuando entraba la media noche todos sentían bastante sueño y era como por arte de magia que todos se dormían al mismo tiempo y al paso de una media hora todos volvían a reaccionar y la imagen ya no estaba esto ocurrió dos noches seguidas. A la tercera noche invitaron a vigilar también a unos cuantos de la población sin nombre y todos sintieron lo mismo y al final esta gente comprendió que era un milagro lo que sucedía entendieron que San Juan Bautista lo que quería era estar en aquella población.

Los pobladores de Macuilxóchitl dieron autorización de corazón de la imagen de San Juan, mientras tanto la gente de la población sin nombre estaba feliz pues ya tenían santo y le tuvieron mucha fe, en honor a este santo y al milagro ocurrido la gente decidió ponerle a este pueblo el nombre de San Juan Guelavía, la última palabra en Zapoteco quiere decir madrugada es decir se le puso este nombre al pueblo porque San Juan siempre regresaba en la madrugada.

La gente de San Juan Guelavía construye su iglesia la cual fue inaugurada después de más de 200 años de haberse iniciado. Cuando la tuvieron lista pobladores de Macuilxóchitl contaban, que en los atardeceres se veía en la punta de la iglesia de San Juan, a este patrón y que se le veía que airaba la bandera que porta, dicen que eso significa que San Juan Bautista no se le olvida de la población de donde fue rescatado y que a pesar de todo el también bendice a la gente de Macuilxóchitl.

Según las Relaciones Geográficas de Oaxaca de don Francisco del Paso y Troncoso, el pueblo de San Juan Guelavía fue fundado en 1560, así está asentado y se le asignó a San Juan como santo patrón, aunque fue hasta 1723 cuando se expidieron los títulos virreinales que dieron posesión de tierras a la comunidad. El 6 de marzo de 1690 se dio posesión a Tlacolula por amparo solicitado en diligencias anteriores.

Los naturales de San Juan Guelavía contradijeron el amparo refiriendo que dichas tierras eran de su pueblo y protestaban presentar pruebas. El 25 de junio del mismo año el alcalde mayor es avisado: Guelavía tiene su posesión en virtud de la sentencia de los señores presidentes y oidores de la Real Audiencia de México. Firma Joseph Veedor Sariñana, presbítero provisor y vicario general de indios del obispado de Antequera, abogado de la Real audiencia de la Nueva España. Alrededor de 1816 la población era gobernada por un alcalde, dos regidores y un escribano, los ingresos provenían y se formaban de la venta de ganado comunal, la cooperación de los vecinos y la renta que se recibía por permitir usar las salinas, zonas de tierra salitrosa.

El río Salado nace de los terrenos montañosos de Mitla, Los Albarradas y demás, y llega al valle de San Juan Guelavía cargado de sustancias salitrosas. Desde tiempo inmemorial los habitantes nativos descubrieron que podían extraer sal de la tierra. De acuerdo a la descripción del Sr. Epifanio García: se junta la tierra salitrosa de color blanco, la cantidad que se desee labrar, pero también se acompaña de una tierra salitrosa amarga que es de color crema. Se revuelven estas dos tierras y y se cuelan en un proceso de filtración en una olla venteada, es decir con cuarteaduras en el fondo, se le refuerza con un cajete para que el agua filtrada caiga. El agua que ya se recoge ya colada, libre de tierra se pone a hervir hasta que se evapore.

Una vez hecho esto la sal se queda en el fondo del cajete y luego se pone al sol como harina, con la tersura de un talco, no con pequeños granulitos como de arena o de cristal como sucede con la sal de mar, tenía un sabor suave, no un salado picoso. La sal era vendida en Tlacolula o en Oaxaca a un peso la arroba y el impuesto federal respectivo era de dos centavos.

Entre los acontecimientos importantes que acaecieron en la población de San Juan Guelavía se tiene que en 1908 se dio una epidemia de tifoidea que mermo gran parte de la población, en el libro del Sr. Epifanio García se encuentra un relato de Mariana Magdalena Antonio García que dice: cuando yo tenía 14 años, todos los días se escuchaba doblar las campanas anunciando la muerte una, dos o tres veces al día, a veces pasaba el difunto en la calle frente a mi casa… y nadie podía saber cuándo le tocaría. Una tarde empecé a sentir calentura y me fui a cobijar.

Como era huérfana sabría que no podría sobrevivir si me enfermaba. Como a la hora de la oración sentí que alguien me daba agua con una cucharita de totomoxtle. De vez en cuando sentía una sed muy grande y después la oscuridad, mis labios resecos eran remojados de vez en cuando, pero no podía ver ni oír, ni tenía noción del tiempo. Eran los días terribles de la fiebre tifoidea. Así pasaron 40 días, y luego empecé a oír, a ver la luz muy tenuemente, esa luz era la vida, la que cuidé de las impurezas e impaciencias y me duró mucho tiempo.

La mujer que me cuidó era una tía me tente la cabeza y no tenis ni un solo pelo, por lo que le pregunté ¿y mi pelo? Entonces me entregó un cadejo de cabello de color claro, limpio y hermoso, tal como lo había tenido cuando gozaba de salud y alegría. Era verdad, la vida le duró casi un siglo, esa luz que ella llamaba vida se alargó tanto hasta lo alto que al llegar a la cumbre más alta se convirtió en ave, abrió sus alas y se perdió en el infinito, como todo lo que se eterniza. La fiebre tifoidea fue una peste tan terrible en este lugar que diezmó la población y la llenó de luto.

Durante la Revolución Mexicana varios pobladores de San Juan Guelavía participaron en distintos bandos, incluyendo villistas, carrancistas y soberanistas. En algunos casos fue por su decisión, pero en otros también fueron llevados por las fuerzas armadas que llegaban a la región.

El movimiento soberanista de 1915 a 1920 fue el que más afectó a la región. En rebeldía contra las fuerzas del gobierno central de Carranza, varios generales serranos junto con pueblos aliados declararon la soberanía del estado de Oaxaca. Un líder muy hábil, Juan Brito, se incorporó a las fuerzas soberanistas comandadas por el general Isaac Ibarra aglutinando a varios participantes de Guelavía. Juan Brito era originario de Huajuapan de León y llegó a Guelavía en 1907 para trabajar en la mina de Magdalena Teitipac. Abrió una modesta tienda de abarrotes.

Cuentan los lugareños que el recién llegado ganó la estima de la gente por su carácter modesto y prudente. En algún momento de su vida se registró un accidente y Brito fue una de las personas que se empeñó rescatando gente y realizando labor social. Ahí lo conoce el General Isaac Ibarra y lo invita a participar en la Revolución. Fue un valiente rebelde anticarrancista y sus compañeros de armas fueron el Mayor Pedro Valseca y Absalón Santiago, entre otros. Al concluir la rebelión en 1920, los serranos siguieron formando parte de una fuerza conocida como la Policía de la Montada o Defensa Social.

Con el tiempo, Juan Brito formó parte del Ejército Oficial y llegó a ser General Brigadier. Ocupó un lugar importante en el gobierno del General Manuel García Vigil y lo apoyó en su rebelión en contra de la reelección de Álvaro Obregón en 1928. Por esta postura fue encarcelado en Santiago Tlatelolco, pero posteriormente liberado con el apoyo del señor Amaqueo Castellanos. Regresó a Guelavía ya sin grado militar, en este lugar de los Valles Centrales se dedicaba a las labores del campo, siendo dueño de alrededor de 15 hectáreas. También conservaba su negocio de abarrotes. Se dice que en 1936 murió asesinado, supuestamente, por el señor Benjamín F. López, quien mandó que lo acribillaran en su tienda.

A principios de la década de los cuarenta, San Juan Guelavía era la principal comunidad productora de maíz contaba con un lugar, una calle donde se vendía maíz en los días de plaza, domingo, en Tlacolula, ocupaba toda la acera. El maíz amarillo era el que más demanda tenía y bajaban a intercambiar productos la gente de la sierra de Ixtlán, Yalalag, Los Albarradas y también de algunos pueblos mixes. Las carretas jaladas por bueyes y los burros eran el medio de transporte. Sin embargo en ese mismo tiempo, 1943, el año fue seco las milpas de temporal se secaron al mes de haber nacido, el maíz subió de precio, en ese año aún había alguna reserva, el próximo sería más difícil. Maíz de tren le llamaron porque se traía en ese transporte. Era un maíz largo y muy suave liviano de peso, pero no escaseó, lo que faltó fue dinero para comprarlo. El zacate para forraje si escaseó, el ganado vacuno no se pudo mantener.

Según lo relatado por Epifanio García el año de 1944 fue bueno, en el mes de agosto llego al pueblo un comerciante de canastos llamado Jorge Linares. Buscó al mejor canastero del lugar, que era Pedro Hernández “Cadera”, fue él quien le enseño a los campesinos del pueblo este oficio. El artesano ganaba 18 pesos a la semana haciendo cuatro juegos de frutero, lo que se ganaba como jornalero a la semana eran tres pesos. La consecuencia fue que hubo gran falta de mano de obra para la agricultura, en cambio los enormes carrizales de Lobillii (Paraje del Tejón) y la palma desaparecieron, pues su explotación fue irracional. Desde entonces el pueblo se dedicó a la industria del carrizo. Después del señor Linares siguieron otros, como don Carlos Brandon y su hijo Guillermo, y el señor Joel Sánchez de Santa Cruz Papalutla llamado Joel Sánchez de Santa Cruz Papalutla que con el tiempo se hizo dueño del negocio y llegó a tener gran influencia en esta comunidad.